El paisaje matutino en el barrio donde vivo es muy
particular los días lunes y jueves de cada semana. Montículos más o menos
ordenados conformados por bolsas y otros restos de materiales adornan las
fachadas de las viviendas del vecindario y entorpecen el paso por las aceras.
De vez en cuando es posible ver a alguien de no muy pulcra
presencia tanteando e inspeccionando minuciosamente cada uno de esos
montículos, reflejando en su rostro la esperanza de encontrar algún
"tesoro" que le sirva de mercancía o de alimento (en Costa Rica a
este tipo de persona se le llama "buzo"). Poco a poco el susodicho va
llenando su carretillo con algunos "tiliches", objetos de aparente
valor que sus antiguos propietarios catalogaron indiscriminadamente como
"basura".
Concluida su faena, el buzo toma sus recién adquiridas
pertenencias, traga el último sorbo de una caja de leche rescatada de entre la
podredumbre y parte hacia el montículo más cercano a seguir probando su suerte.
Los vecinos, con mirada indiferente ante tal escena, se limitan a aguardar
pacientemente a que otro se haga cargo de la limpieza.
Horas más tarde, ruidos de motor y mecanismos, olores
desagradables, silbidos y griterías anuncian el arribo de ese "otro",
una bestia de acero que dos veces a la semana llega al barrio a tragarse cuanto
bulto encuentre. Sus "cuidadores" corren apresurados por toda la
calle recogiendo a manos llenas todo lo que pueden. El voraz apetito de su amo
debe ser satisfecho.
¡Al fin!... ¡ya era hora de que pasara!, -exclama un
vecino-.
La bestia de acero: el camión recolector. Este es el
"otro" que se encarga de desaparecer los despojos dejados por el
buzo; el "otro" que limpia someramente la calle del vecindario; el
"otro" que al final del día tendrá que ver qué hace con nuestra
basura... ya no es más nuestro problema.
Si echáramos un vistazo de cerca a esa "basura",
como lo hace el buzo antes de que pase el "otro", quedaría en
evidencia más que la naturaleza de los desechos: serían expuestos también los
hábitos y la mentalidad de quienes los generaron. Latas de aluminio, cajas de
cartón, cuadernos usados, baterías inservibles, envases de plástico y hojalata,
botellas de vidrio, restos de comida, papel higiénico... todos ellos revueltos
en un mismo lugar.
A propósito del día mundial del ambiente, el pasado 5 de
junio el periódico La Nación publicó algunos artículos alusivos a la fecha y la
segunda edición de la guía ambiental El
manejo de los residuos en Costa Rica 2013, un documento creado para
promover la campaña de las 4R's (rechazar, reducir, reciclar, reutilizar) e
informar sobre la gestión de residuos realizada en el país, por provincias y
municipalidades. En uno de los artículos publicados en la sección de
economía se menciona que, según datos del Censo Nacional realizado por el INEC
en el 2011, solo el 23% del total de los hogares de Costa Rica clasifica su
basura. La guía, por su parte, señala que: del total de viviendas censadas en
el 2011, el 83,36% entrega sus desechos al camión recolector y el 16,63% los
entierra, los quema o los arroja a cuerpos de agua o lotes baldíos; del total
de residuos que son entregados al camión recolector, el 25,5% es material
reciclable o reutilizable y más del 55% es material orgánico que puede servir
para fertilizar los suelos; Limón, Guanacaste y Puntarenas son las provincias
donde más se quema la basura, una práctica que viola la ley 8839, para la
gestión integral de residuos; Limón, Puntarenas y Cartago lideran la
lista de provincias donde la basura se bota en lotes baldíos; San José y
Puntarenas son las provincias que más contaminan los cuerpos de agua.
Supóngase que se realiza una encuesta para conocer las
razones por las cuales una gran parte de la población no hace un correcto
manejo de sus desechos. Sin ánimo de ser pretencioso, me atrevería a asegurar
que los que aduzcan desconocimiento del tema o falta de información
constituirán un valor porcentual muy bajo. La gran mayoría de los encuestados
argumentará conocer del asunto y estar de acuerdo con las distintas campañas y
políticas de conservación ambiental, pero que no participan en ellas por falta
de presupuesto, falta de tiempo, poco espacio en sus viviendas o falta de
voluntad.
Algunos estimables lectores seguramente apoyarán tales
argumentos y dirán que sí es cierto que muchos hogares, sobretodos los rurales,
tienen dificultades, por ejemplo, para costear el transporte de sus desechos
reciclables hasta el centro de acopio más cercano; que el trajín diario de hoy
en día es tal que la gente simplemente no tiene "cabeza" para separar
y procesar sus desechos; que otros a duras penas tienen espacio para guardar el
automóvil o para sus mascotas; que es mejor que lo haga otro a quien realmente
le nazca hacerlo. Sí, lo anterior es cierto, pero en tanto siga existiendo el
paradigma socioeconómico en el que se ha vivido por décadas, basado en modas
triviales, marcada diferenciación social, consumismo desenfrenado e
indiferencia hacia el bienestar común; un modelo de vida cuyos efectos
secundarios han sido increíblemente nocivos para la sociedad: incremento de la
brecha social, excesiva contaminación ambiental, calentamiento global,
extinción de especies de flora y fauna, perjuicios para la salud pública,
descontento político, entre otros.
A pesar de tener frente a nuestros ojos un panorama poco
alentador, la esperanza de lograr la reversión de tanto daño permanece viva.
Día a día el número de personas que se unen a la causa ambiental crece.
Actualmente, el poder de persuasión de los grupos organizados que abogan por la
conservación y el desarrollo sostenible posee una magnitud considerable y han
sido capaces de ejercer influencia en el sector empresarial. Campañas maduras
como Bandera Azul y otras más nuevas como Carbono Neutralidad y Ambientados son resultado del esfuerzo conjunto de aquellos que decidieron hacer la
diferencia.
Este es el tiempo de hacer algo, de aprender y educar, de
establecer prácticas y políticas que ayuden a mitigar los daños que durante
tantos años hemos infringido a la tierra. Es hora de que nos comience
a parecer antinatural el consumo de objetos innecesarios o de aquellos que no
tienen un claro registro de su huella ambiental. Hagamos nuestra la
propuesta de las 4R's. Rechacemos los productos contaminantes, reduzcamos
nuestro nivel de consumo, reusemos al máximo los objetos que adquirimos,
clasifiquemos los desechos y separemos los reciclables de los orgánicos.
Aprendamos a hacer composta y donemos el abono a quien le pueda
servir. Participemos activamente en las actividades ambientales que se
organizan durante todo el año. Conozcamos las nuevas fuentes de energía limpia
disponibles en el mercado e invirtamos.
¿Estás dispuesto a romper con la indiferencia, a despojarte
del letargo, a salir de la zona de confort en la que haz vivido por tanto
tiempo? Si la respuesta es "sí", entonces, abre tus ojos, levanta tu
mano y con mucha convicción y voz firme di:
“¡Yo quiero ayudar!".